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La Tentación de Ser Infiel…

August 4, 2015

Definitivamente la familia, es una de las posibilidades más hermosas con las que cuentan los seres humanos. Ante esta declaración y reconocimiento, es muy importante aclarar, que la célula principal de la familia, y por ende de la humanidad, es el matrimonio, el que debe ser cuidado y respetado sin límites. Sin embargo, esta célula tan trascendental para la vida familiar en general y la conyugal en particular, es muchas veces lastimada por medio del engaño, algo que muy comúnmente se conoce con el nombre de “infidelidad”.Las causas de la infidelidad son complejas, variando grandemente de pareja en pareja. Vale aclarar, que los esposos y esposas con dificultades en sus relaciones matrimoniales, no son las únicas afectadas por la presencia de relaciones extramatrimoniales, ya que también los matrimonios felices y con una buena relación, en algún momento se pueden encontrarse en una zona de riesgo en este sentido.
 
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Pero definitivamente los matrimonios que presentan un fuerte riesgo de vulnerabilidad, con referencia a la infidelidad, son aquellos que pudieran ser obstaculizados por distintos problemas, como es el caso de la falta de una buena comunicación por temor a una intimidad profunda, e incluso cambios alterando ciclos de la vida, como es el de convertirse en padres. Para algunos una relación extramatrimonial, es una manera de pretender dar fin a un matrimonio insatisfactorio. Mas allá de esto, no son pocas la oportunidades, en la que “se reinventa una historia dentro del matrimonio, para así justificar un acto de infidelidad”. Un enlace amoroso prohibido, que consista en idealizaciones románticas, no logra hacer una justa comparación con “la rutina familiar de un matrimonio de muchos años”.

 

La presencia de una serie constante de infidelidades, puede estar indicando que se está frente a una adicción al sexo, al amor o al romance. Como resultado de sus acciones, algunos adictos a estas condiciones, son consumidos con sentimientos de vergüenza y la presencia de una baja auto estima. Por el contrario, los que ven el “sexo extramarital como un derecho propio, por orden de su género o estatus”, se sienten libres para perseguir y conseguir relaciones fuera de su matrimonio, sin sentir el menor asomo de culpabilidad.

 

Existen tanto hombres como mujeres, que pretenden buscar diferentes derechos que los justifique para tomarse un tiempo de infidelidad. Ciertos estudios muestran lo siguiente: “Que las mujeres entrelazan el sexo con el amor y con conexiones emocionales, en tanto que los hombres buscan esencialmente y de manera primordial, satisfacer una supuesta necesidad sexual”.

 

Dentro de toda esta problemática, por demás triste y preocupante para la salud familiar, podemos llegar a detallar algunos de los diferentes factores que son conducentes a mantener relaciones infieles.

 

En esta escala es muy factible encontrar entre las primeras zonas de riesgo, aquella que concede posibilidades, por ejemplo, en los lugares habituales de trabajo. Es en estos sitios, donde por razones propias de las actividades que allí se desarrollan, casi con naturalidad, se estrechen vínculos entre hombres y mujeres, que están diariamente compartiendo distintas situaciones y condiciones, las que pueden llegar a conformar, una unión que da comienzo simplemente como “camaradería”, para transformarse con el paso del tiempo en una relación más cercana y la vez también más íntima.

 

No se puede tampoco ignorar, los “patrones familiares”, pues el haber tenido como ejemplo dentro de su propia casa, padres que hicieron un ejercicio normal y natural de la infidelidad, traicionando a sus cónyuges, lo que los condujo erróneamente a ser un mal ejemplo a imitar por sus propios hijos. Estas condiciones aprendidas, con el correr del tiempo se transforman en conductores de muy alto riesgo, los que son definitivamente conducentes a tomar caminos equivocados cuando llegan los momentos de formar sus propias familias.

 

Otro factor que puede ser un desencadenante para caer en la infidelidad, fue la llegada de una tecnología de avanzada que se llama “Internet”. Las relaciones cibernéticas, que regularmente y en no pocas ocasiones comienzan como un simple juego dentro del anonimato, y esto con el solo fin de escapar de la tensiones diarias, terminan siendo una relación profunda que solo sirve para destruir el lazo matrimonial.

También algo muy patrocinado en estos tiempos, como es la incentivada libertad para tener relaciones sexuales, aún en forma prematrimonial, puede convertirse con la llegada de la unión conyugal, en una piedra de tropiezo, pues la mayoría de los individuos, hombres como mujeres, no producen cambios responsables para dejar de seguir buscando a como de lugar, distintas experiencias en el campo de la sexualidad, sin tener en cuenta para nada, que ya no están solos, sino que ahora tienen una pareja a quien responder con todo su amor y respeto.

 

Una condición muy grave dentro del matrimonio, que puede convertirse en un arma de doble filo si es mal manejada, consiste en centralizar mayoritariamente la vida familiar en los hijos. Como en muchas otras oportunidades hemos manifestado, los hijos son un maravilloso regalo de Dios para los padres, donde se debe invertir amor, tiempo, cuidado y ejemplos al por mayor, pero sin que esto pase a ser el principal “leimotiv” para el hogar. No es extraño observar, en no pocas parejas que tienen por costumbre este proceder, que casi sin que lo perciban, las relaciones íntimas de los cónyuges, pasan a segundo término, lo que a la larga o la corta, pueden finalizar desencadenando la búsqueda afuera de lo que no se encuentra con total satisfacción en la casa. Paradójicamente cuando esto acontece, los que más sufren son los hijos.

Si así lo deseáramos, podríamos seguir describiendo argumentos de condiciones y actitudes que sean senderos que lleven a caer en la tentación de la “infidelidad”, pero realmente lo que se debe destacar, que el cometer o no este error tan grave para la salud de la vida familiar, está tanto en el querer como en el hacer, que siempre estarán presentes en todos los seres humanos, pues al final cada uno es el que decide, y en esto no hay excusas posibles.

 

Un muy buen consejo para evitar estas dolorosas situaciones, es amar y dejarse amar sin límites, con y por la pareja de cada uno. El amor es el mejor antídoto para evitar los engaños de toda índole, pues cuando ese amor es verdadero, no habrá deseos de hacer sufrir al ser amado.

Además no debemos olvidar jamás, que para cuando nuestras fuerzas personales flaqueen, podremos recurrir sin ningún temor ni duda, a las fuerzas que Dios nos quiere ofrecer cada día.

 

 

 

 

Dr. Raúl Tarela

www.DrRaulTarela.com

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