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En el Matrimonio… ¿Se Debe Simplemente Oír o También Escuchar?

April 15, 2015

Dentro de las quejas que más frecuentemente llegan hasta las oficinas de los consejeros matrimoniales, se encuentra la falta de atención a los reclamos de uno de los integrantes de la pareja. No es extraño que se mencione por ejemplo: “Por más que le hablo a mi esposa, ella no me escucha, no me presta ni la más mínima atención” (en otras circunstancias, esto puede verse también como un reclamo de la esposa hacia la actitud de su esposo). ¿Cómo dudar que esta es una grave muestra de una falta total y real de comunicación entre los cónyuges?.
 
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Definitivamente en casi todos los ámbitos de la vida, no son pocas las personas que confunden el “oír” con el “escuchar”. Aunque para algunos esto parezca extraño, no todos diferencian estas dos condiciones, definitiva y decididamente, muy distintas entre sí. Oír es la definición que se puede dar cuando un sonido, mediante el sentido de la audición llega hasta nuestro cerebro, luego de haber ingresado a través de los oídos. Pero si lo que se quiere destacar es el escuchar, esta palabra nos transporta mucho más lejos, pues es aquello que nos obliga a prestar atención y tratar de entender, por ejemplo, todo lo que nos están comunicando de manera verbal.

 

Ahora, si llevamos este último párrafo a la vida diaria de los esposos, donde quizás no se presta la debida atención a los requerimientos de uno de los cónyuges, nos estaremos enfrentando seguramente, a una situación conflictiva y preocupante para la salud del matrimonio. Esta condición se puede hacer presente por variados motivos, pero normalmente hay dos de estos que se destacan. Uno podría ser que no despierta interés lo que la otra persona está diciendo, y el otro, simplemente por no llegar a valorar o justipreciar ese requerimiento en su completa y total medida.

 

De todas maneras la causa sea una u otra, para cualquiera de las dos opciones, se deben buscar los medios para que sean corregidas, de lo contrario las desavenencias familiares serán de tipo inevitable. Sin que pase mucho tiempo, en algunos casos, la desazón de no ser escuchado, produce un estado de desánimo, acompañado de un triste sentimiento de fracaso, y por lo tanto y consecuentemente, un desgaste prematuro e inevitable en las relaciones de la pareja. No me ha resultado extraño escuchar de boca de alguna persona, esencialmente en los tiempos de la consejería clínica pastoral, lo siguiente: “Cuando hablo, tengo la sensación de que soy completamente ignorado por mi pareja”.

 

Mucho de todo esto que estoy describiendo, tiene su base en una actitud egoísta, por medio de cual una de las partes está directa y abiertamente diciendo: “lo único importante aquí es lo que yo pienso u opino, por lo tanto tu no cuentas”. ¿A ti amigo lector te suena conocida esta situación? ¿No será quizás por que la estás viviendo, ya sea como el afectado, o como quien produce está afección? Sin que importe demasiado cual de las dos posiciones es la tuya en este tema, una cosa si podemos afirmar, y es que se debe buscar una solución al problema a la mayor brevedad posible, para así lograr darle en este aspecto, sanidad a tu vida matrimonial.

 

La persona egoísta, basa su felicidad pura y exclusivamente en lograr sus propias satisfacciones, sin que le importen los pensamientos o necesidades de los demás. El apóstol Pablo bajo la inspiración del Espíritu Santo, escribió una declaración y recomendación, la que si bien está dirigida a los integrantes de la iglesia, tiene una perfecta aplicación para la vida de relación de un matrimonio cristiano (y en los no son cristianos también): “Ninguno busque su propio bien, sino el del otro” (1ra. Corintios 10: 24).

 

Como corolario de esta temática, deseo mencionar, que una de las cosas más importantes que deben ser cumplidas por los hombres y mujeres, como parte indivisible de sus vidas de relación de pareja, es vivir en función el uno del otro. Esto no es más que aprender a renunciar a pretensiones de tipo personales, solo pensando en el beneficio de dar cumplimiento a los requerimientos y necesidades de la otra persona. ¿Cómo se logra esta condición?, de una sola manera, amando a nuestra pareja con un amor sincero, ya que si este tipo de amor no está presente, será muy difícil dejar de ser egoísta.

 

Una última recomendación o consejo, hoy sepas tú “escuchar”, para que así cuando llegue el momento, tú también puedas ser “escuchado”... ¿no te parece?

 

Dr. Raúl Tarela
www.DrRaulTarela.com
DrRaulTarela@gmail.com
941-524-7823

 

 

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