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Casados... y Envejeciendo Juntos

June 8, 2015

Tanto a través de mi vida en particular, como en los tiempos de la consejería clínica pastoral, no fueron pocas las personas que me preguntaron, sobre los secretos que se deben conocer para lograr un matrimonio que no se destruya a pesar del paso de los años.Definitivamente muchas fueron las palabras que se agolparon en mi mente, pero por sobre todas ellas, una recomendación se destacó claramente sobre el resto: Hacer del amor una forma de vida. Esto que a primera vista suena como algo idílico y romántico, no siempre es una tarea fácil de llevar adelante.Creo que en primer lugar, debemos reconocer que el amor es un sentimiento sublime, para el cual resulta imprescindible tomar la decisión de lograr su nacimiento, y posteriormente de su salida a la luz, mantener vigente su existencia.
 
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El amor es un sentimiento que en sí mismo tiene recompensa. Esto es algo comprensible, si se tiene en cuenta, que por ejemplo, que con el simple hecho de que por amor buscar el bien del otro, se está obteniendo un casi seguro estado de la tan ansiada felicidad. Para alguien que ama, no hay mayor recompensa, que el bienestar de la persona amada. El verdadero amor no busca simplemente su propio disfrute, sino en todo tiempo y bajo toda condición, el goce de la otra persona.

 

Claro, este amor debe ser sincero y sin medida. Debe contar con lazos de fortaleza, que ayuden a la pareja, a sobrellevar todo tipo de preocupación, dolores o sinsabores, que por naturaleza la vida presenta, aún dentro del estado matrimonial.

 

Si hablamos de amor, se debe saber, que cuando el mismo es verdadero, muy difícilmente habrá de caducar o morir, para lo cual y por lo cual, hace falta sustentarlo cada día, con grandes cuotas de buena voluntad, muchísima humildad y renunciamientos, debiendo todo esto estar revestido de un estado permanente de entrega sin reticencias, no dando lugar al menor asomo de egoísmo. El amor matrimonial, debe ser como una llamarada constante de fuego, la que se debe alimentar con pasión, para que nunca decrezca su calor.

 

Una de las circunstancias claves en las roturas matrimoniales, suele ser la tan perjudicial y triste infidelidad. Por lo expuesto en los reglones precedentes de este escrito, podemos confirmar, que los lamentables “engaños amorosos”, no hayan espacio o un campo apropiado, entre los esposos que se aman sin limitaciones de ningún tipo o especie. Con respecto a este punto, recuerdo a un matrimonio de ancianos, con más de sesenta años en su haber, que ante una pregunta formulada al esposo, donde se le requería manifestara si en alguna ocasión le había sido infiel a su esposa, él simplemente respondió:

 

“Con el solo hecho de saber que con esa actitud estaría dañando a mi pareja, aunque ella no llegara nunca a enterarse, se me quebraría de dolor mi corazón”. Realmente nadie puede ser capaz de herir a alguien a quien se ama de verdad. Con este concepto llegamos a la conclusión, que el que ama sinceramente, jamás tendría el valor suficiente para traicionar a su cónyuge. Además, y esto ya desde mi punto de vista personal, el engañador, diga lo que diga, jamás encontrará ni serenidad ni una paz interior duradera. Aquí existe algo que no puedo ni quiero pasar por alto, y es que esta condición, no debe ser simplemente responsabilidad de uno de los integrantes de la pareja, sino de los dos por igual.

 

 

 

Para poder preservar la vida matrimonial, hasta que la muerte separe en forma definitiva a los esposos, de ser factible, se deben cumplir al menos tres condiciones. La primera es darle a Dios el control total de cada una de nuestra vidas, sin reticencias de ningún tipo y estilo. En segundo lugar una comunicación completa y sincera, sin ocultamientos ni fingimientos de ninguna especie. Dialogando constantemente, no dejando que cualquier problema o desavenencia crezca, sino que pueda ser cortada de raíz desde sus propios inicios. La tercera condición, es la presencia constante de caricias y palabras cariñosas, que alienten al ser querido a no bajar los brazos, ni rendirse jamás, pues estos detalles los hará sentir seguros y protegidos por la persona amada.

 

Estimado amigo lector, no sería extraño que al haber leído el título de este sencillo artículo, donde decíamos “Casados… y envejeciendo juntos”, tu te hayas imaginado una serie prolongada de recomendaciones, que en realidad no están aquí expuestas. Pero puedes creer, que la simple, pero profunda presencia del amor verdadero, producirá una serie de milagros inimaginables, que harán de tu vida matrimonial, una larga y provechosa aventura en unión, con aquella persona que alguna vez elegiste para transitar por el camino de la vida. De todo corazón te deseo que así sea.

 

Dios bendiga por siempre tu caminar y el de tu pareja, tomados de la mano y asidos el uno con el otro, con los indestructibles lazos del amor.

 

Dr. Raúl Tarela

DrRaulTarela@gmail.com

+19415247823

 

 

 

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